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 Vida de Kurt Schwitters por Werner Schmalenbach

del catálogo de la exposición Kurt Schwitters realizada del 28 de septiembre al 5 de diciembre de 1982
 en la Fundación Juan March de Madrid. (traducción de Stella Wittenberg)

 

 

HANOVER 1887-1937

 

 

Kurt Schwitters nació el 20 de junio de 1887. Su casa natal estaba situada en la Veilchenstrasse «Veilchenland» (país de las violetas, como él mismo la llamaría más tarde). Sus antepasados habían sido obreros: el abuelo paterno, agricultor y mesonero en Ostfriesland; el abuelo materno, maestro carpintero en Hanover. Sobre su madre, escribe Schwitters en el Sturm-Bilderbuch; «Mi madre Henriette ganaba dinero desde muy joven. A sus trece años cosía para una tienda de artículos de moda, en la que llegó a ser a sus diecisiete años, encargada. De gran talento musical y de mala dentadura, con veintiún años tuvo su propio negocio de confección». Sobre su padre, Eduard Schwitters, escribe: «Mi padre padecía una afección nerviosa; era aprendiz, dependiente en una tienda de modas. Se ocupaba fundamentalmente de la decoración. En 1886 tuvo su propio negocio en Hanover, y también mala dentadura». «Mis padres tuvieron un negocio de confección de señoras en Hanover, en la Theaterplatz». A la edad de cuarenta años su padre dejó el negocio y compró cinco casas, de las que pretendieron vivir él y su familia. Una de estas 'casas, Waldhausenstrasse 5, situada frente a las puertas del sur de la ciudad, fue habitada por la familia y también sería la vivienda de Kurt Schwitters hasta su emigración. Este patrimonio permitió al padre educar a su único hijo dentro de una vida ordenada y burguesa

 

SITUACION ECONOMICA

 

En primer lugar, se debe decir algo respecto a la situación económica de Kurt Schwitters, ya que eso jugó también un papel importante en su actividad artística. Schwitters no tuvo preocupaciones económicas hasta 1918, año coincidente con el final de la guerra y sus veinte años de vida. Vivía en casa de sus padres, ocupando tras de su matrimonio con Helma Fischer, el segundo piso de la casa. Entre 1917 y 1919 fue delineante industrial en la siderurgia Wülfel, en Hanover. Después de haber abandonado este puesto durante la revolución, no tuvo otros ingresos. La inflación puso fin a la ayuda económica paterna y empezaron para él y su familia unas circunstancias espe­cialmente difíciles. Hasta que Schwitters no comenzó a dar conferencias y organizar veladas-Merz, principalmente en Alemania, y también en Holanda y Checoslovaquia, no mejoró su situación. Las ventas de cuadros eran escasas y le reportaban pocos beneficios, ya que se trataban casi exclusivamente de collages de pequeño formato. Significativas fueron, sin embargo, las ventas que Katherine S. Dreier consiguió, al prin­cipio de los años veinte, en los Estados Unidos, que le supusieron ingresos en dólares. Mediados los años veinte, Schwitters organizó su «Merz-Werbezentrale» (Central publicitaria Merz), trabajando con éxito como asesor y diseñador publicitario de grandes firmas industriales de Hanover, así como de la municipalidad. A partir de 1929, después de hacerse cargo de todo el trabajo gráfico para la colonia Dammerstock en Karlsruhe, trabajó también para la propia ciudad de Karlsruhe. Sus ingresos como diseñador de anuncios y tipógrafo revertían en gran parte en la revista MERZ, editada por él desde 1923, de tal manera que seguía dependiendo de otras fuentes de ingresos. Cuando en 1931 murió su padre, heredó junto con su madre, fallecida en 1945, cuatro casas, de cuyas rentas pudo vivir hasta que, finalmente, se exilió. En Noruega, y más tarde en Inglaterra, se ganaba el pan fundamentalmente pintando paisajes y retratos de encargo. Especialmente la etapa inglesa estuvo dominada por grandes necesidades económicas hasta el último momento.

 

Sobre la vida de Kurt Schwitters hay algunos textos autobiográficos auténticos de su primera época: citas en el prólogo de Otto Nebel para el «Sturm-Bilderbuch» (Libro de ilustraciones Sturm) de 1920; un manuscrito inédito de la extensión de un folio, Daten aus meinem Leben (Datos sobre mi vida) (7 de junio de 1926); una autodescripción más extensa en Merz 20 Katalog (1927); otra más, en el libro publicado en 1930 por los hermanos Rasch, Gefesselter Blick (Mirada Encadenada), sobre la nueva forma en publicidad. La documentación incompleta es ampliada por su propio hijo, a través de cartas y comunicaciones personales. Más abundantes son las infor­maciones de la etapa posterior a la segunda guerra mundial. En ellas, Schwitters relata epistolarmente, a sus amigos, sus vicisitudes durante la emigración, la guerra y sus últimos años de vida.

 

SU INFANCIA

 

Sobre su infancia, que se desarrolló dentro de un marco de normalidad, hay poco que decir. Schwitters se refiere a ella en un estilo peculiar: «Mi nodriza tenía la leche cor­tada y escasa, y me alimentaba durante el período legalmente permitido. La nodriza fue sancionada. Así conocí la maldad del mundo, sintiéndola en mi propio cuerpo. Rasgo fundamental de mi persona: la melancolía. Hasta 1909, al margen de numero­sos viajes a diversos lugares, viví en Hanover (Revon). Yo mismo me llamaba Kuwitter; me orinaba y era encerrado en el cuarto de baño. En la Pascua del 98 comencé en el colegio Realgymnasium I Hanover. Por así decirlo, fui un alumno con talento». Schwitters narra, dentro de este contexto, un acontecimiento que ensombreció posteriormente toda su vida. En el pueblo de Isernhagen, junto a Hanover, tenía un pequeño jardín: «Rosas, fresas, una montaña y un lago artificial. En otoño de 1901 me destruyeron los chicos del pueblo todo mi jardín ante mis propios ojos. De pura excitación, me dio el baile de San Vito. Pasé dos años enfermo, totalmente incapacitado para trabajar». Schwitters sufrió durante toda su vida de ataques epilépticos, que con la edad fueron haciéndose menos frecuentes. Ya el abuelo había sido epiléptico. Schwitters tuvo que frecuentar a los médicos a causa de esta enfermedad. Esta dolencia fue, según Su propio testi­monio, determinante para su vida: «A causa de la enfermedad cambiaban mis gustos. Comencé a apasionarme por el arte. Al principio componía cuplés a la manera de los cómicos de variedades. En una noche de otoño de luna llena, me percaté de la luna clara y fría. Desde entonces escribo de forma lírico-sentimental. Después me pareció que la música era el arte por excelencia. Aprendí solfeo y hacía música toda la tarde. En 1906 vi por primera vez un paisaje nocturno en Isernhagen y comencé a pintar. Realicé 100 paisajes nocturnos, a acuarela, ante la naturaleza, con luz de vela de estearina. Decidí ser pintor. Es conocida la contradicción de los padres: primero tu bachiller, después, encantados. Paralelamente asistí a la Escuela de Artes y Oficios por las noches y realicé los estudios de arte. En la Pascua de 1908 pasé el examen de Bachiller. Durante el desfile de fin de curso, con el sombrero de copa, dijo mi com­pañero Harmenig lo siguiente: «no dejéis ir por delante al melancólico Schwitters, o nuestro desfile parecerá un entierro».

 

De 1908 a 1909 Schwitters visitó durante un año la Escuela de Artes y Oficios de Hanover. En 1909 se prometió con Helma Fischer, una prima segunda. Se casaron en 1915. En 1918 vino al mundo su único hijo, Ernst.

 

LA ACADEMIA

De 1909 a 1914 Schwitters estudió en la Academia de Artes de Dresde con los profesores Carl Bantzer (retrato), Gotthard Kühl y Emmanuel Hegenbarth (pintura animal).

Sobre este período citemos las siguientes frases del propio Schwitters: «Aprendí retra­to con Bantzer, quien llegó a ser Director de la Academia de Kassel... A continua­ción conseguí un estudio de pintor... con Kühl. El Consejero Privado, Profesor Gotthard Kühl se sentó allí, en mi estudio, sobre mi paleta y no quiso corregirme más. Este suceso me estimuló sin embargo hacia la pintura abstracta. La paleta estaba rota. Fui al Profesor Hegenbarth para aprender color y pintar animales. Luego llegó la guerra». Schwitters solía decir, posteriormente, que Bantzer, al que personalmente no apreciaba, fue sin embargo para él de lo más importante. Estaba en la línea de Frans Hals y éste había sido siempre su ejemplo en pintura naturalista.

La etapa en la Academia de Dresde -posiblemente después de finalizar el primer año - fue interrumpida por una corta visita a la Academia de Berlín: «He desacreditado a la Academia de Berlín al ser aceptado allí como alumno. Después de cuatro semanas me echaron con la justificación de que no tenía ningún talento. El destino lo compartí con Menzel». Y en otro momento dice: «Mientras, trabajaba temporalmente en Berlín, en la Academia de Arte y fui despedido de ella por carecer irremediablemente de talento. Mis éxitos en las academias de arte nunca fueron grandes, pues yo no sé aprender, ésta es mi gran preocupación, y lo que yo personalmente quería y debía hacer no estaba reflejado en ningún programa. Para mí Arte significa crear, y no imitar, sea a la Naturaleza, sea a otros colegas más relevantes, como sucede normalmente».

 

Desde 1912 Schwitters participó en las exposiciones que regularmente organizaba el Círculo Artístico de Hanover: la Gran Exposición de Arte y el Salón de Otoño. Su participación en estas exposiciones se interrumpió en los años 1919-24, aunque más tarde, entre 1925 y 1934, volvió a exponer. En los años 1933 y 1934 presentó solamente paisajes.

 

1914-1918

 

En 1914 estalló la guerra. Schwitters, después de su boda, se estableció en Hanover: Waldhausenstrasse n.° 5. El viaje de bodas lo hizo a Opherdicke, en Westfalia, durante los años 1915/16, donde un antiguo amigo y protector, que ya en 1912 le había llevado a Italia, al Lago Garda, le proporcionó un palacio en ruinas. La estancia en Opherdicke dejó algunas huellas en su obra inicial.

 

En 1917 Schwitters fue llamado a filas. Sirvió como soldado en Hanover, de marzo a junio de 1917. Por incapacidad militar fue destinado inmediatamente a una oficina. Sus diversos intentos para librarse del servicio militar, como por ejemplo, denominar a los oficiales con un rango superior al que ostentaban, le condujeron a una pronta expulsión. Schwitters mismo cuenta su etapa militar: «En la guerra, me he salvado para la patria y para la Historia del Arte, por la valentía demostrada... por cierto, en Vas oficinas». Y prosigue: «En la guerra, he luchado en todos los frentes de la plaza de Waterloo de Hanover. En campaña, no estuve jamás».

 

En junio de 1917 entró Schwitters en la Siderurgia de Wülfel, en Hanover, para prestar servicios auxiliares como delineante industrial. «Allí empecé a amar la rueda y con­sideré también las máquinas como abstracciones del espíritu humano. Desde entonces amo la combinación de pintura abstracta y máquina como obra de arte total». Schwitters abandonó su puesto de trabajo durante el período de la revolución de 1918: «Inmediatamente después del comienzo de la gloriosa Revolución me despedí de mi trabajo y viví totalmente para el arte». Y añade: «Estudié entonces dos semestres de arquitectura».

 

MERZ

 

Las siguientes líneas que Schwitters escribió diez años más tarde, dejan traslucir con qué liberación vivió el final de la guerra y la revolución y con qué entusiasmo se dedicó a lo nuevo, esperado con ansiedad: «La guerra lo fermenta todo terriblemente. Los conocimientos de la Academia no me servían. La utilidad de lo nuevo estaba todavía en desarrollo y en torno a mí se debatía una absurda lucha por cosas que me eran indiferentes. De repente, surgió la gloriosa Revolución. No creo demasiado en este tipo de revoluciones para las que la humanidad aún no está madura. Es como si el viento sacudiera del árbol las manzanas todavía verdes. ¡Qué pérdida! Y con esto había terminado todo ese fraude que los hombres llaman guerra. Abandoné mi puesto de trabajo, sin ningún tipo de despido, y a partir de ese momento todo volvió a empezar. Ahora comenzaba realmente mi ebullición. Me sentía libre y tenía que gritar a/os cuatro vientos mi alegría. Por ahorro, utilizaba para expresarme todo lo que encontraba, pues éramos un país empobrecido. Se puede también gritar con restos de basura y lo hice encolando y clavando estos desechos. Los denominé MERZ, eran como mi oración por el final victorioso de la guerra, pues una vez más había vencido la paz. De cualquier forma, todo estaba destruido y era válido empezar a reconstruir lo nuevo a partir de los escombros. Esto es, pues, MERZ... Albergaba en mí una imagen de la revolución no como realmente fue, sino como hubiera debido ser». La revolución artística y personal del pintor Kurt Schwitters se gestó ya durante la guerra, aquellos años que tanto para él como para su ciudad natal y para toda la joven generación de Alemania y de todo el mundo, fueron tiempos de ebullición y eclosión. Al poderoso impulso que sintió Schwitters al rechazar los principios académicos, y al descubrimiento de nuevas posibilidades de expresión, se unió un resurgir general de todas las fuerzas intelectuales. En la voluntad de los demás encontraba su propia voluntad, multiplicada por cien, aun cuando la aprobación concreta de lo que se creaba en general, no se diera. La minoría de los que tenían el mismo espíritu parecía ser lo suficientemente poderosa como para transmitir al individuo la sensación de ser transportado por un flujo en continua expansión. Por todas partes se encontraban compañeros de lucha e ins­tituciones que ofrecían una plataforma a las nuevas ideas: galerías, editoriales y revistas. Este momento histórico, apenas liberado de la guerra, dio a la juventud una gran segu­ridad en sí misma, sin ningún género de dudas. En la medida que uno se sentía repre­sentante del hoy, se estaba seguro de tener el futuro al alcance de la mano. Dentro de esta euforia colectiva desarrolló Schwitters su arte, cuya actividad inició antes de la guerra y que posteriormente desarrollaría con libertad y una seguridad al máximo: los años clásicos de su actividad artística. A partir de este momento fue esta actividad lo que, por su propio desarrollo y su conexión y ramificación hacia otras vertientes, determinó su camino vital. En lo sucesivo, su biografía se superpondrá a su quehacer artístico. Es a partir de los años treinta cuando, nuevamente, acontecimientos no provocados ni desea­dos por él condicionarán fatalmente el curso de su vida. Después de la rápida asimila­ción y superación de las formas expresionistas por el pintor y poeta Schwitters durante la guerra, desarrolla en los primeros meses de posguerra su Ein-Mann-Dadaismus (Dadaísmo de un solo hombre), al que dio el nombre de MERZ y cuyas características, en tanto referentes al arte de la imagen, significaban la renuncia a la reproducción de' objeto y suponía la utilización de todo tipo de materiales. Los primeros collages surgieron al final del año 1918.

 

PRIMERAS PUBLICACIONES

 

Inmediatamente después de la guerra, Schwitters comenzó a relacionarse con las fuerzas vanguardistas de Alemania y poco después con las foráneas. Para él, era una necesidad sidad natural entrar en contacto con los hombres que deseaban y hacían una labor parecida. Surgieron gran número de relaciones amistosas. Schwitters tomó parte en las exposiciones de la Sezession en Hanover. Publicó poemas, ensayos y composiciones pictóricas en la editorial Zweemann de Christof Spengemann. En 1919 apareció, en la serie de libros de Steegemann Die Silbergáule (Las jacas plateadas) una obra de Schwitters por la que fue rápidamente conocido en todos los círculos vanguardistas del momento. Esta obra era una recopilación de poemas y prosa titulada Anna Blume (Ana Flor). Especialmente el poema An Anna Blume (Para Ana Flor), que comienza con las siguientes palabras: «¡Oh tú, amada de mis 27 sentidos, te quiero! - Tú, de ti, a ti, para ti, yo para ti, tú para mí, ¿nosotros?...» pronto se hizo famoso. Las ediciones aumentaron rápidamente y Schwitters se convirtió en un personaje polémico. En 1922 apareció una edición ampliada de Meine Anna Blume. Schwitters relataría más tarde: «Festejaba triunfos, me despreciaban y eludían encontrarse conmigo». En otoño de 1920 Steegemann mandó pegar carteles en Hanover con el texto del poema An Anna Blume. Pocos días después aparecieron junto a ellos, como protesta, pasquines con los Diez Mandamientos. Spengemann, amigo de Schwitters, publicó en el mismo año el folleto Die Wahrheit über Anna Blume (La verdad sobre Anna Blume). Se conserva una carta de Schwitters a Spengemann en la que exclama: «iVé por todo el mundo y testifica la verdad, la única verdad sobre Anna Blume!». En el primer y único ejemplar de la revista de Steegemann Der Marstall (Las caballerizas), apareció una colección de juicios positivos y negativos referidos a Anna Blume bajo el título «El secreto descubierto de Anna Blume». «Schwitters y yo -es.cribía el editor en su prólogo- hemos recibido un cesto de ropa lleno de cartas, tarjetas, etc.... He seleccionado los documentos más importantes, los más maliciosos, los estúpidos y los inteligentes, para someterlos al juicio de los coetáneos».

 

El extraordinario, aunque fluctuante, éxito de Anna Blume influyó de tal manera, que otras dos antologías de poemas y prosa de Schwitters se apoyaron en este título, Die Blume Anna (La Flor Ana), que apareció en 1922 en la editorial Sturm (Una colección de poemas entre los años 1916-1922) y Memorias de Anna Blume en Bleié: Un método fácil y abarcable para el aprendizaje de la locura por cada individuo, apa­recido en 1929 en la editorial de Walter Heinrich, Freiburgo.

 

Steegemann publicó el opúsculo La Catedral en su Silbergáule. Además imprimió 11 tarjetas, 8 sobre cuadros MERZ, 2 sobre esculturas MERZ y 1 con la fotografía del artista.

 

DER STURM

 

Más importante que toda su actividad en Hanover fue la colaboración de Schwitters con Sturm, de Herwarth Walden, en Berlín, desde el año 1918. Esta colaboración motivó su aparición en el gran escenario de la vanguardia alemana y la superación del estrecho marco hanoveriano. El 12 de junio de 1918, Schwitters escribía a Spengemann: «A finales de junio vamos, por fin, a Berlín para presentarnos a Herwarth Walden». En el Sturm-Bilderbuch se dice: «Me dirigí a Sturm con la intención de conseguir una opor­tunidad tunidad para exponer, pues reconocí que en Der Sturm no se exponían sino obras de arte». Ya en enero de 1919 logró exponer, por primera vez, junto a los artistas Sturm, Klee y Johannes Molzahn. Era la exposición número 70 de la Galería, fundada en 1912. En julio de aquel mismo año fueron expuestas de nuevo obras suyas. Su primera exposición individual la organizó Walden, en abril de 1920 (exposición número 85). Naturalmente, también participó Schwitters en la exposición número 100 de Der Sturm, en la que, en septiembre de 1921 fueron expuestas 150 obras de 60 autores. Una nueva exposición de Schwitters tendría lugar en 1925. A todo esto hay que añadir también las exposiciones de Der Sturm en otras ciudades e incluso en el extranjero, en las que Schwitters estuvio  también  representado. De gran importancia fueron las exposiciones-Sturm que Katherine S. Dreier organizó a partir de 1920 en la Société Anonyme, en Nueva York, dirigida  por ella y por Marcel Duchamp. Otra más tuvo lugar, también en 1920, en la Sala de Arte Rembrandt, de Zurich. Naturalmente, todas estas exposiciones atrajeron un público nuevo y recibieron también numerosas críticas poco favorables a Schwitters. En ese sentido escribió Leopold Zahn, en 1921, en la muy influyente revista Cicerone, sobre la exposición Schwitters en Goltz, en Munich, 1920. Un partidario excep­cional de él, el crítico de arte y director del Museo de Dresde, Paul E. Schmidt, reseñó en Cicerone una exposición de Schwitters, Baumeister y Schlemmer en la Galería Arnold de esa ciudad. En la Kunstblatt (Gaceta de Arte) de Paul Westheim, más afín al expresionismo y desdeñoso con el joven movimiento de posguerra, fue reseñado Schwitters de manera negativa, tanto por el propio editor como por Daniel-Henry Kahnweiler. Con­tra sus críticas, Schwitters se defendía mediante panfletos, tan divertidos como incisivos, que publicaba bajo el título Tran sobre todo en la revista Sturm. A lo largo de su vida se desahogó irónicamente, en muchos artículos y comentarios, sobre la crítica de arte, despreciándola, salvo raras excepciones.

 

En 1919 publica Der Sturm, por primera vez, poemas y reproducciones de las obras de Schwitters. Hasta 1914 aparecerán en esta publicación más de 70 poemas, también prosa, artículos y reproducciones suyas. Schwitters se convirtió por estos años en uno de los artistas más representativos del Sturm. En el Sturm-Bühne (escenario-Sturm) formuló sus reflexiones acerca del MERZ-Bühne (escenario-MERZ). En 1920 aparece el IV Libro de Ilustraciones-Sturm, dedicado a Schwitters, con 15 poemas, 15 repro­ducciones de sus dibujos estampados-MERZ y un prólogo intercalado de citas auto­biográficas de Otto Nebel. Libros de ilustraciones-Sturm sobre Chagall, Archipenko y Klee le habían precedido. En el Libro de Ilustraciones-Sturm. Pintores del Expresio­nismo, aparecieron 15 reproducciones en color, estando también representado Schwitters junto a Chagall, Delaunay, Gleizes, Marcoussis, Metzinger, Klee y otros. A la propaganda de Sturm pertenecían también las dos tarjetas postales MERZ publicadas por Walden. Con motivo de Sturmball (El baile del Sturm), el 8 de marzo de 1921 apareció, con la activa colaboración de Schwitters, el cuaderno Die Quirlsanze, donde publicó algunos de sus artículos, textos en prosa y un grabado MERZ. En la editorial Sturm, publicaría Walden la antología Anna Blume (1922) y la novela Auguste Bolte (1923). En 1924 Walden incluyó dos reproducciones de Schwitters en su nueva edición, ampliada, del libro aparecido por primera vez en 1917, Einblick in Kunst (Una mirada al arte). Un ejemplar que regaló a Schwitters lleva la dedicatoria manuscrita: «A Kurt Schwitters, el artista más puro de mi tiempo. Herwarth Walden».

 

Entre los polemistas de Sturm estaba Schwitters, junto a Herwarth Walden, especial­mente próximo al poeta y recitador Rudolf Blümner, el cual, intervenía a menudo en su favor tanto en los cuadernos-Sturm, como en otros medios. La Influencia más acusada en la primera etapa poética de Schwitters, la ejerció el poeta-Sturm, August Stramm

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DADÁ EN ZURICH

 

Estaba próximo el momento en que Schwitters empezaría a interesarse por entrar en contacto con los centros del joven movimiento Dada. Según el testimonio oral de Hans Arp, Schwitters y él se conocieron en 1918 en el Café des Westens, de Berlín. En mayo de 1919 Schwitters se carteó con Tristan Tzara: «Con gran interés persigo las octavillas Dadá y me alegraría especialmente establecer relaciones con usted». Le mandó a Tzara fotografías de sus obras y algunos poemas. En noviembre, apare­cieron en el único número de Zeltweg, la última publicación dadaísta en Zurich, un poema de Schwitters, Mundo lleno de locura, y reproducciones de sus dos obras Construcción para señoras nobles y Un pájaro tiene a Anna Blume.

 

La relación de Schwitters con los dadaístas de Zurich, especialmente con Tzara y Arp, fue siempre muy estrecha. En 1919 se carteaban Schwitters y Tzara con motivo de la publicación de un libro, o mejor, de un número especial de la editorial Zweemann sobre Dada, cuyo material debía ser reunido por Tzara. La amistad con Arp duró hasta la muerte de Schwitters. Los dos artistas no estuvieron solamente unidos por Dada y sus posteriores recuerdos, sino que se relacionaron después del respectivo alejamiento del dadaísmo por caminos paralelos. Entre 1920-21 Schwitters escribió en la revista semanal Di Pille (La píldora), de la editorial Steegemann, algunas cartas dirigidas a Arp.

En septiembre de 1922 organizaron entre los dos un Meeting-Dada en Weimar, la ciudad de la Bauhaus, donde también intervinieron Tzara, Theo y Pet,ro (Nelly) van Doesburg, Moholy-Nagy, Lissitzky, Burkhartz, Cornelis van Eesteren, Hans Richter y otros.

 

Desde allí se trasladaron a Jena y Hanover, donde dieron la citada velada Dadarevon en la Galería Garvens. La relación con Arp se iba, pues, estrechando cada vez Schwitters publicaba poemas, pequeños textos en prosa y cuadros de Arp en su revista MERZ que aparecía desde 1923. MERZ 5 fue un número íntegramente dedicado a Aro (7 Arpaden) y MERZ 6 incluía en una de sus mitades un cuaderno titulado Arp I En 1923 estuvieron los dos amigos juntos catorce días, en Sellin (Isla de Rügen), donde escribieron en equipo la novela Franz Müllers Drahtfrühling (La primavera de alambre de Franz Müllers); también se reunieron en una segunda ocasión, en 1925. Cuando estaban juntos, ya fuera en Hanover, en Eyck (Isla de Fóhr) o en Berlín, escribían siem­pre en equipo. «Hans Aro -escribe Schwitters- es un verdadero dadaísta y lo seguirá siendo siempre, pues no puede ser sino eso. Su amorosa cordialidad lírica, su rostro transfigurado, todo en él es Dadá».

 

DADA EN COLONIA

 

No existieron intensas relaciones con el grupo Dada de Colonia, por la exclusión de Arp, cofundador del grupo. Schwitters visitó a Max Ernst, como éste relata, en una ocasión, en Colonia. Por un lado, no aparecen reseñas ni artículos de Max Ernst en la revista MERZ de Schwitters, que comenzó a editarse con posterioridad al movimiento Dada y al traslado de Ernst a París, ni se encuentran, por otro lado, reseñas de Schwitters en las revistas Dada de Colonia, Dada W/3 y Schammade. Tampoco tomó parte Schwitters en el encuentro Dada en el Tiro¡ con Ernst, Arp, Breton y Tzara. Ocasional­mente se le oyó decir: «Desde que Max Ernst ha emigrado a París, domina un silencio sepulcral en Colonia». Entre los años 1951 y 1967, después de la muerte de Schwitters, Max Ernst ilustró ediciones francesas de su poética.

 

DADA EN BERLÍN

 

Por último se creó también el grupo-Dadá de Berlín, fundado por Richard Hülsenbeck, después de su regreso de Zurich. Las relaciones de Schwitters con los dadaístas ber­lineses eran en cierto modo de naturaleza hostil. Esto estaba motivado, en parte, por su estrecha relación con el grupo Sturm, que era hostigado por los dadaístas berlineses considerándolo la salvaguardia del expresionismo; por otro lado, y esto era lo funda­mental, debido a que Schwitters no estaba dispuesto a tomar parte en la agitación político-revolucionaria de los berlineses. Especialmente a Hülsenbeck, no le gustaba el romántico Schwitters. Schwitters no fue invitado a la primera feria internacional dadaísta en la Galería Buchard (1920), la manifestación-dadá más importante de Berlín. Entre tanto, la controversia no impidió que Spengemann imprimiera el manifiesto dadaísta en el primer número de Zweemann, que fue firmado por Arp, George Grosz, Janco, Hülsenbeck, Hausmann, Hugo Ball, Birot, Prampolini, Van Rees y otros, aunque no por Schwitters, y que Steegemann publicara en su Silbergaüle, en 1920, En avant dada de Hülsenbeck. Schwitters hizo público con frecuencia su postura de rechazo a cualquier mezcla de lo artístico y lo político. Se sentía literalmente un artista puro. Su convicción política estaba dirigida más en contra que a favor de determinadas manifestaciones políticas: contra la guerra, contra la idiotez de todas las instituciones, programas y tópicos. La revolución de 1918, aunque le era en cierto modo sospechosa, no impidió que le erigiera un monumento literario único, es decir, el primer capítulo de su incon­clusa novela Franz Müllers Drahtfrühling con el titulo Origen y comienzo de la grande y gloriosa revolución en Revon. La política cotidiana se introducía cientos de veces en su actividad creativa bajo la forma de fragmentos de periódicos, que iluminaban sus collages y mediante citas que intercalaba en la poesía de sus primeros años. De su declarado pacifismo nunca hizo un secreto, pero en realidad éste no era un pacifismo político sino un pacifismo apolítico. En MERZ 2 escribe, en 1923, bajo el título Guerra, las siguientes líneas: «No hay valores que valgan la pena ser defendidos. Somos igua­les que nuestros enemigos. No debemos luchar contra nuestros enemigos sino contra nuestros propios defectos. El enemigo tiene más derecho a vivir que tú a matarle. Anna Blume es, al revés, igual que al derecho: A-n-a. Tampoco en la guerra debes matar a ningún ser-humano y especia/mente a tu enemigo... En lugar de esto nos gusta sentir que todos somos miembros de una gran nación, la humanidad. Cuando se tiene frío hay que beber infusiones de hojas secas de encina. Quien ama a su patria, debe amar al mundo. Quien ama al mundo debe amar a su patria. No existe derecho humano que pueda obligar a/os hombres a provocar guerras de unos contra otros. Tampoco se permite que las locomotoras circulen una contra otra. Nosotros luchamos unidos, nosotros vencemos unidos, todos tenemos un único enemigo: la luna. Cons­truid escaleras y subid al tejado de la luna, pero dejad en pie los tejados de los hombres. Esto es patriotismo universal».

 

En el mismo número de su revista publicó Schwitters el Manifest Proletkunst (Manifiesto de Arte Proletario) -firmado por él mismo. Arp. Van Doesburg, Spengemann y Tzara- y que estaba dirigido contra el arte politizado. A!!i se encuentran frases como las siguientes: «El arte es una función espiritual del ser humano, cuya finalidad es liberarle del caos de la vida (tragedia). El arte es libre en la utilización de sus medios pero está atado a sus propias leyes... Por superfluo que esto suene, en el fondo es lo mismo que alguien pinte un ejército rojo con Trotsky a la cabeza que un ejército imperial con Napoleón a la cabeza». En su escrito MERZ, aparecido en la revista Ararat, en 1921, escribe respecto al mismo problema: «Hay dos grupos de dadaístas, los dadaístas auténticos o dadaístas-núcleo (Kerndadaisten) y los dadaístas superficiales o dadaístas­vaina (Hülsendadaisten); estos últimos abundan en Alemania. En un principio, sola­mente había dadaístas auténticos; los dadaístas superficiales se desprendieron de este núcleo original bajo la dirección de su líder Hülsenbeck, y en esta desmembración arras­traron consigo parte del núcleo original. Este suceso se produjo bajo un fuerte llanto, el canto de la Marsellesa y el consiguiente reparto de patadas y codazos, una táctica de la que se sirve aún hoy Hülsenbeck. El dadaísmo se convirtió, bajo Hülsenbeck, en una cuestión política. El conocido manifiesto del Consejo Central Revolucionario dadaísta de Alemania reclama la introducción del comunismo radical como exigencia dadaísta. Hülsenbeck escribe, en 1920, en su Historia sobre el Dadaísmo, en la editorial Steegemann: Dadá es una cuestión germano-bolchevique. El manifiesto del Consejo Central, anteriormente mencionado exige, además, la lucha más enconada contra el expresionismo. Debería ser el arte duramente vapuleado. En la introducción del Almanaque Dadá, recientemente publicado, escribe Hülsenbeck: Dadá hace un tipo- de propaganda anticultural. Por lo tanto, el Dadaísmo está orientado, políticamente, en contra del arte y de la cultura. Yo soy tolerante y dejo a cada cual su concepción del mundo, pero tengo que mencionar que tales concepciones le son ajenas a MERZ. MERZ se propone, como principio, solamente el arte, porque ningún hombre puede servir a dos señores». Más tarde, en 1924, escribe Schwitters :«Después de 1918 reinó aquí, durante unos años, en lugar del dadaísmo, un expresionismo general y revolu­cionario, mientras que la revolución estuvo de moda, y en consecuencia el dadaísmo berlinés se comportaba también como revolucionario. Mientras el expresionismo hacía gestos pretenciosamente revolucionarios, el dadaísmo llevó a cabo hechos revolucio­narios para, de esta manera, pegar más fuerte. Hülsenbeck, una de las cabezas más inteligentes de nuestra época, tuvo muy claro que por aquél entonces no había nada mejor que el comunismo para despertar alas almas engrasadas... Grosz creó una fórmula política radical...; para él, Dadá fue, durante un corto período, un medio de lucha política, al contrario que Hülsenbeck, para el cual el comunismo era un medio de lucha dadaísta».

 

A pesar de esta desavenencia con el portavoz de los dadaístas berlineses, Schwitters tenía una estrecha amistad con dos artistas del grupo: Raoul Hausmann y Hannah Hóch. En septiembre de 1921, junto a Hausmann, Hannah Hóch y su mujer, emprendió un viaje a Praga para dar unas conferencias. Este viaje fue, para su desarrollo literario, de gran importancia, puesto que durante el viaje conoció el poema fonético Fmsbw que le motivó para su posterior Ursonate (Sonata ancestral). Tanto en Berlín como en Hanover los amigos se vieron frecuentemente y ofrecieron diferentes veladas-MERZ y veladas Dadá. Después de la Segunda Guerra Mundial, Schwitters retomó el contacto epistolar con Hannah Hóch, que se había quedado en Berlín, y con Hausmann, que vivía en Limoges.

 

AÑOS POSTERIORES A 1922-23

 

Los años dorados del Arte-MERZ duraron hasta 1922-23. Por estos años Schwitters comenzó a evolucionar hacia una plástica tendente a lo geométrico y lo constructivo, sin abandonar el Merzen (construcción de composiciones con objetos pegados). Gracias a ello transformaba y ampliaba el horizonte de su influencia y de sus relaciones personales. Nacieron nuevas amistades. Nuevas revistas estuvieron a su alcance, in­corporando sus artículos. Nuevas áreas de conocimiento se abrieron a su curiosidad, sobre todo las relacionadas con la tipografia y la arquitectura. Toda la actividad física e intelectual de Schwitters en los veinte años siguientes estuvo caracterizada por una clarificación de los principios básicos y una sistematización de los métodos, no sola­mente en el marco del arte sino también en campos artísticos marginales que eran aceptados como objetivos fundamentales dentro del panorama moderno. El medio más importante en el que canalizó Schwitters sus esfuerzos básicos fue la revista MERZ, cuyos números fueron publicados irregularmente a partir de 1923. También, en cierta medida, su propia vida adoptó actitudes diversas en tanto que no sólo se entregó a su vocación artística sino que también desarrolló un trabajo como tipógrafo y diseñador publicitario. Por fin se amplió el círculo geográfico de su influencia: con el paulatino alejamiento de la guerra se reforzaron los contactos con los igualpensantes de otras naciones.

 

HOLANDA

 

En el límite entre los dos períodos evolutivos, cuya división no puede ser considerada en principio de manera estricta, se produce una estancia de medio año en Holanda, desde el otoño de 1922 hasta la primavera de 1923, que bajo el nombre de Campaña Dadá por Holanda logró repercusión. Se trataba de un viaje como conferenciante por ciudades holandesas que Schwitters llevó a cabo junto a Theo y Petro (Nelly) van Doesburg y Vilmos Huszar. Su relación con Theo van Doesburg se remontaba a 1922 y se con­vertiría en una amistad estrecha y duradera hasta la muerte de este último en 1931.

 

Theo y Nelly van Doesburg habían tomado parte, durante el otoño de 1922, en el Meeting-Dada de Weimar y en la posterior velada Dadarevon en Hanover y en esta ocasión visitaron, naturalmente, a Schwitters en su casa de la Waldhausenstrasse, A partir de entonces se encontraron los amigos frecuentemente en Alemania, Holanda y dos veces también en París.

 

Doesburg había fundado junto con Piet Mondrian la revista De Stijl, de importancia decisiva para el arte del siglo XX. Mientras que Schwitters tenía escasa relación con el arte absolutista de Mondrian y personalmente un contacto muy superficial, le era mucho más próximo el espíritu flexible de Doesburg. Por ello se llevó a cabo la gira conjunta por Holanda, en la que Schwitters se presentaba de manera diferente. Doesburg daba conferencias, Nelly van Doesburg tocaba piezas modernas al piano y Huszar mostraba muñecas mecánicas de ballet. Esta representación se desarrolló en su totalidad todavía bajo el influjo Dadá. Schwitters decía de Doesburg: «Solamente existe un holandés dadaísta, 1. K. Bonset» (seudónimo de Doesburg como escritor).

 

Por otro lado escribió sobre el otro compañero de viaje: «Huszar no es Dadá, sino Stijl». Sin duda es sintomático que Schwitters, al citar a Doesburg como dadaísta, eligiera su nombre de escritor y poeta, puesto que Doesburg, como pintor, estaba claramente en la línea-Stijl. En cualquier caso se puso de manifiesto también la transición de Dada hacia una tendencia de formas más estrictas, al igual que el propio Schwitters.

 

En 1923 Schwitters era colaborador de Doesburg en la nueva revista Mecano, de pequeño formato, de la que salieron en los años 1922-23 solamente cuatro números. Schwitters participó en dos de ellos. Además de textos suyos, aparecieron otros de Arp, Hausmann, Tzara, Doesburg, Ribemont-Dessaignes, Eliard, Ezra Pound; así como reproducciones de obras de los dadaístas Hausmann, Max Ernst, Picabia, Man Ray; como artistas Stijl, figuraron Doesburg, Vantongerloo y el constructivista Moholy-Nagy. El foro era internacional y también estaba abierto a las dos corrientes que se superponían. El informe impreso en el segundo número sobre el encuentro de Weimar, había sido titulado: Congreso Internacional de Weimar de Constructivistas en Dadá.

 

Para la Campaña de Holanda fueron también invitados Arp y Tzara, así como Ribemont­Dessaignes y Picabia, quienes por otro lado no acudirían. La gira de conferencias tuvo lugar en las ciudades de La Haya, Haarlem, Amsterdam, Rotterdam, s'Hertogenbosch, Utrecht, Drachten y Leyden. Schwitters estaba embelesado con el país y sus habitantes y muy especialmente con la arquitectura moderna holandesa. El idioma holandés lo aprendió enseguida. Su encuentro con Holanda le produjo un impulso interior que sola­mente se puede comparar al que experimentó en 1918-19. Su entusiasmo era como si hubiese descubierto el Nuevo Mundo. Sobre esto testifica especialmente el primer número de su revista MERZ bajo el título Holanda Dadá y que estaba dedicado al dadaísmo holan­dés. Schwitters escribe allí: «Nuestra aparición en Holanda es comparable a una marcha victoriosa. Toda Holanda es ahora Dadá, porque en realidad siempre había sido Dadá. Nuestro público siente que Dadá existe y cree tener que gritar en Dadá, chillar en Dadá, susurrar en Dadá, cantar en Dadá, llorar en Dadá, regañar en Dadá. Apenas alguno de nosotros, portadores del movimiento dadaísta, había pisado el podio, se empezaban a despertar en el público los instintos dadaístas adormecidos y nos recibía con un lloriquear y chirriar de dientes. Nosotros éramos la improvisada banda de música dadaísta que les íbamos a tocar una pieza... Mientras los franceses encontraban una gran oposición en el Ruhr, en Holanda vencía Dadá sin oposición. La enorme oposición de nuestro público es Dadá y por ello débil». Veinte años más tarde recordaba: «En Holanda estábamos: Nelly, Theo van Doesburg, Huszar y yo. Tzara y Aro no vinieron. Huszar no era dadaísta, él presentaba una muñeca articulada al modo cons­tructivista. Comenzamos en La Haya. Doesburg leyó un programa dadaísta muy su­gestivo en el que se refería a que el dadaísta haría algo inesperado. En este momento yo, que estaba entre el público, me levanté y empecé a ladrar. Algunas personas se desmayaron y tuvieron que ser sacadas de allí, y/os periódicos informaban que Dadá significaba ladrar. Inmediatamente recibimos contratos para Haarlem y Amsterdam. En Haarlem se vendieron todas las localidades. Yo recorrí la sala de tal manera que todo el mundo me pudiera ver mientras esperaban que comenzara a ladrar. Doesburg anunció de nuevo que yo haría algo inesperado. En esta ocasión resoplé por la nariz. Los periódicos escribieron que yo no ladraba, que solamente resoplaba. En Amsterdam se llenó el local de tal manera que el público pagó precios fantásticos para conseguir una localidad. Ni ladré ni resoplé. En esta ocasión recité La Revolución. Una señora no lo pudo soportar y tuvo que ser evacuada. Después tuvimos conferencias en Rotterdam, s'Hertogenbosch, Utrecht, Drachten y Leyden. Los trabajadores y estudiantes cantaron canciones holandesas. Los estudiantes nos invitaron a sus casas en Ufrecht, Delft y Leyden para polemizar sobre Dadá. En Utrecht subieron al escenario, me re­galaron un ramo de flores secas y un hueso sanguinolento y comenzaron a leer en nuestro lugar, pero Doesburg los lanzó al foso donde normalmente se coloca la música, y todo el mundo hizo Dadá. Era como si el espíritu dadaísta hubiera descendido sobre cientos de personas que repentinamente se sintieron como seres humanos». Por cierto que Schwitters escribió sobre esta extraña gira las siguientes frases: «Nuestro público dio al movimiento la directriz. Nosotros reflejábamos y éramos el eco del público ruidoso por su entusiasmo dadaísta. Y ahora reconoce usted por qué no queremos el dadaísmo. El espejo que indignado repele y rechaza el reflejo de tu apreciado rostro no te quiere, ama lo contrario. Y nosotros aspiramos al estilo. Nosotros reflejamos Dadá porque tene­mos voluntad de estilo... En poco tiempo esperamos que nuestra labor, advirtiendo la enorme falta de estilo en nuestra cultura, despierte un fuerte deseo y una gran nostal­gia de estilo. Entonces comenzará para nosotros la tarea más importante. Daremos la espalda al Dadá y ya solamente lucharemos por el estilo».

 

Con esta dialéctica, intentaba Schwitters explicar los motivos de su transición del dadaísmo al Stijl y seguramente justificarse ante sí mismo. Dadá y Sfijl convivieron, pero lo que sin duda alegró a Schwitters desde un principio fue que MERZ no se iden­tificara totalmente con Dadá. La relación con Holanda dio aún más frutos. Al margen de los contactos ininterrumpidos con tipógrafos, arquitectos y artistas holandeses, Schwitters fue ocasionalmente colaborador en De Stijl, donde en 1926 publicó tres poemas fonéticos y en 1931 el último adiós dedicado al fallecido Theo van Doesburg. En reciprocidad, aparecieron en los cuadernos-MERZ artículos de Mondrian, Doesburg, Huszar, Rietveld, Oud, Van Esteren. Doesburg tradujo al holandés para «MERZ el poema de Schwitters An Anna Blume. De 1922 a 1929 se publicaron reproducciones y ensayos de Schwitters en la revista holandesa i 10, editada por el arquitecto del Stijl J. J. P. Oud (arquitectura), Willem Pijper (música) y Moholy-Nagy (cine y fotografía).

 

Las múltiples relaciones de Schwitters con la vanguardia holandesa y su excepcional aprecio hacia este país, hicieron que volviera frecuentemente a Holanda. Allá pasó junto con su mujer Helma, el verano de 1925, donde se encontró con sus amigos: Van Doesburg, los pintores Van Der Leck, Huszar y Lajos d'Ebneth, los arquitectos

 

Berlage, Van Esteren, Oud, Rietvold, Mart Stam. También Hannah Hóch apareció allí de improviso y durante algunos días acudió también Ida Bienert desde Dresde. Iban fre­cuentemente a bañarse a Kijkduin, a casa de d'Ebneth, durante unos meses, donde coincidió también con Siegfried y Carola Giedion, con Moholy, con Hannah Hóch y su amiga Ti¡ Brugmann. Allí nacieron trabaos como los relieves Kleines Seemannsheim (Pequeño hogar marinero) y Cícero. Ebret, ~ vid también en el mismo año, durante algunas semanas, en casa de Schwitters e^ Hanover y fue introducido por éste en el círculo de Herwarth Walden, quien organizar a.;-a exposición de Ebneth, Arnold Topp y Schwitters en el Sturm. En 1927 Ebneth tomó Da-te. junto con Schwitters y Schlemmer, en una exposición itinerante. Igualmente en 1927 Sch.•.it'.ers. con su amigo Robert Michel y su mujer Ella Bergmann-Michel, viajó a Holanda. donde permaneció durante dos sema­nas. Con el matrimonio Michel, considerados como pioneros del collage en Alemania, le unía una vieja amistad. Schwitters pasaba frecuentemente algunas temporadas en el Schmelzmühle de aquéllos, en Eppstein, en el Taunus. Otras estancias en Holanda las realizará en los años 1929, 1931 y finales de 1934 (Schwitters vivió en casa de Hannah Hóch, quien se trasladaría entre los años 1926 a 1929 a La Haya).

 

 

 

BAUHAUS

 

De parecida significación a la relación de Schwitters con el Stijl, era la que mantuvo con la Bauhaus de Weimar y Dessau, donde Van Doesburg había trabajado temporal­mente en 1921 y donde en 1923 Moholy Nagy fue nombrado miembro del Colegio de Maestros de la Bauhaus. Con motivo del encuentro Dadá de Weimar, en 1922, participó en el Bauhauball (Baile de la Bauhaus), que se presupone fuera el auténtico motivo del viaje. La revista de Doesburg Mecano hablaba en relación al Meeting de Weimar de la Injection du microbe vierge Dadá en la Bauhaus (Tzara). En este mismo año, Schwitters contribuyó con una litografía para la Carpeta 11-Bauhaus juntamente con otros trece artistas, casi todos pertenecientes al Sturm. Esta carpeta apareció en el mismo año de la Carpeta 1-Bauhaus, dedicada a los maestros de esta Escuela. Es difícil asegurar con qué periodicidad da Schwitters conferencias en la Bauhaus. Al menos es demostrable que dictó una lección en el año 1925. Por lo demás, los intercambios eran de muy diversa índole. El mismo Schwitters anunció ocasionalmente como MERZ 10 una publicación -Bauhaus, que no sería publicada nunca. En un prospecto de las publicaciones -Bauhaus de 1927, fue reseñada como MERZ-Buch (publicación-MERZ). Moholy-Nagy incluyó, en 1929, trabajos de Schwitters en su publicación -Bauhaus Del material a la arquitectura. En su manuscrito sobre cine Einmal ein Huhn, immer ein Huhn (Una vez una gallina, siempre una gallina), de 1924, incluyó una parte de la novela de Schwitters Auguste Bolte. También mantenía relaciones amistosas con los pro­fesores de la Bauhaus, Marcel Breuer, Feininger, Klee, George Muche, Oskar Schlemmer, Lothar Schreyer. Con Feininger, Klee, Schlemmer y Moholy Nagy, Schwitters intercambió obras pictóricas

 

LA REVISTA MERZ

 

Aun siendo tan intensos los contactos de Schwitters con los centros y personalidades del joven movimiento artístico, Hanover se mantuvo como centro de su movimiento MERZ. Este hecho adquirió especial significación en la revista MERZ que desde 1923 publicaba su editorial MERZ, anunciada por él incansablemente en otras revistas y en cualquier ocasión que se le brindara.

 

 

Como verdaderos números de una revista con continuidad se presentan solamente los cuadernos de pequeño formato números 1-2-3-4 y 6, cuya serie es interrumpida por una carpeta MERZ (número 3) con 6 litografías de Schwitters y una carpeta de Hans Arp con 7 Arpaden (número 5) y con 7 litografías de Arp. Los números monográficos llevan los siguientes títulos: Número 1: Holanda Dadá; número 2: Nummer i; número 4: Futilidades; número 6: Imitatoren watch step (el número 6 lleva, al mismo tiempo, en la contraportada, la denominación Arp I y el título Propaganda y Arp, y cada una de las mitades del cuaderno están dedicadas a MERZ o Arp). Todos los números del 1 al 6 aparecieron entre enero y octubre de 1923. En los estrechos cuadernos se encuentran colaboraciones de textos y obra gráfica de Schwitters, Arp, Van Doesburg, Hausmann, Hannah Hóch, Huszar, Lissitzky, Moholy Nagy, Otto Nebel, Picabia, Picasso, Man Ray, Ribemont-Dessaignes, Rietveld, A. Segal, Spengemann, Tzara y otros.

 

En 1924 Schwitters elige un formato nuevo, el doble de un folio. Se publicaron los números 7 al 12. El número 7 y los números dobles 8/9 son los últimos cuadernos con caracter de revista. El número 7 se llamó Tapshelft (Cuaderno torpe) y contenia  colaboraciones de Schwitters, Arp, Braque, Charchoune, Gropius, Hóch, Spengemann y Tzara. El número 8/9 -Nasci- aparece, bajo la redacción conjunta de Schwitters y Lissitzky, como un cuaderno programático de la forma constructiva, con reproducciones de Schwitters, Achipenko, Arp, Braque, Lege, Lissitzky, Mies van der Rohe, Mondrian, Oud, Man Ray y Tatlin. El número 11 se llamará Typoreklame (Anuncio tipográfico) y trata el tema del diseño publicitario. MERZ-10, anunciado ocasionalmente por Schwitters como publicación de la Bauhaus, no apareció. A partir del MERZ-12 cambian radical­mente los formatos y la revista adquiere el carácter de una serie de escritos de publicación irregular. MERZ-13 es la Lautsonate (Sonata fonética) grabada en disco. Los números 12 (Der Hahnepeter), 14/15 (Die Scheuche) y 16/17 (Die Márchen vom Paradies) son los libros de cuentos de Schwitters Márchen unserer Zit.